Autoayuda: ¿Es usted un trol? Sonría

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Escribir es agradable. Hacerlo en un blog o una red social puede llegar a ser hasta divertido, gracias a unos seres fantásticos: nuestros amigos los Trols.

El trol es ese personajillo cibernético que intenta obtener su momento de gloria mediante el despotrique en los blogs o redes sociales como arma de destrucción masiva. Todo le molesta y todo lo critica. Sabe de todo y habla de todo, sentando su cátedra poderosa, displicente, sarcástica, con el porte virtual del que escupe sobre la gleba en un acto de graciosa prodigalidad.

Tengo que reconocerlo: me lo paso bomba con los trols. Aunque a primera vista se muestren tan adorables como masticar un erizo, no dejan de tener su gracia. Son un soplo de aire fétido que me permite apreciar, por contraste, el buen público que suelo tener en los comentarios, lo agradable que resulta conversar con buenas personas que desconozco, y por qué vale la pena escribir un blog. No hay belleza sin fealdad con que contrastarla ni flor sin boñiga para alimentarla, y nuestros trols abonan el ciberespacio con su nutrida y pútrida variedad de subespecies: primitivos, taimadillos, sibilinos, resentidos, envidiosos, imbéciles, despectivos, pasivo-agresivos, …

Lo único malo que tiene censurar los comentarios de los trols es que privas al resto del mundo de una faceta fascinante de su comportamiento: su respuesta al ‘Don’t feed the troll‘. Es ahí, al ignorarlos, cuando el auténtico monstruo florece en todo su esplendor. Ellos, que preparan su ataque con toda su aguda inteligencia <sigh>, que ven su gran ocasión de glorificarse delante de miles de ciberespectadores, que pulsan el Intro tras escribir el mordaz mensaje con la sonrisa burlona del que se sabe en el cenit digital, ellos, en fin, los cicerones, platones y sénecas del ciberespacio, la cúspide de la pirámide bloguera virtual… son censurados. Hay que ciberjoderse. Y se mosquean. Mucho. El trol da rienda suelta entonces a toda su furia y lanza su ataque de violencia cibernética, una batería de mensajes que pasa de la mordacidad al insulto, el ciberescupitajo y la procacidad más soez. Uno, dos, tres, cuatro comentarios, cada uno peor (mejor) que el anterior, más y más ofensivo… y, de repente, el silencio. Absoluto. Para siempre. La de guionistas de telebasura que se está perdiendo la humanidad, censurados por piltrafillas como un servidor. No somos nadie.

Aunque son de fenotipo cabroncete, los trols me despiertan el instinto paternal. Me dan ganas de darles un ciberabrazo de osito, de achucharlos y darles cariño; lo que pasa es que no se dejan. Y cada vez que recibo un mensaje de un nuevo monstruito, mientras lo coloco en la sillita de pensar me acuerdo del discurso del Presidente de EEUU en Mars attack. Me temo que no tienen solución. Pero los tenemos que querer igual ;)

 

Cuán poderoso puede ser el batir de las alas de una mariposa…

Teodoro J. Martínez:

Han pasado ya dos años desde que se inició este maravilloso proyecto, ‘Mariposas por la vida’. Desde entonces, la fundación Miquel Valls ha recibido 20.000 euros gracias a la venta de este libro de mariposas.

Además de su innegable valor como proyecto solidario, el libro en sí es, hoy por hoy, la mejor guía de campo para el reconocimiento de las mariposas diurnas de la península Ibérica. Si aún no tienes tu ejemplar, puedes obtenerlo en la página de pedidos del proyecto http://www.mariposasporlavida.org/pedidos.html

Si queréis conocer la historia de dolor y esperanza que esconde detrás, podéis leer aquella entrada original, difundida en medios de todo el mundo gracias al Centro de Colaboraciones Solidarias.

Aún quedan unos pocos libros ¡Ánimo!

Entrega de la primera parte de la recaudación de la venta del Libro a la Fundación Miquel Vals. Desde entonces, se han entregado cantidades hasta completar casi los 20.000 euros.

Entrega de la primera parte de la recaudación de la venta del Libro a la Fundación Miquel Vals. Desde entonces, se ha llegado a los 20.000 euros.

Originalmente publicado en Ya que no podemos hablar...:

Los pacientes no dejan de sorprenderme, de enseñarme, de humanizarme. En la debilidad de la enfermedad, cuando más duro es el diagnóstico y más tenue la esperanza, con frecuencia surge esa asombrosa fuerza, ese empuje que parece anidar dentro de todo individuo, que espera la ocasión idónea para hacer su aparición, cuando estamos rendidos en el suelo.

La madre sin recursos que aprieta los dientes para buscar bajo las piedras el dinero que necesita su hija para esa ortesis especial… La que con un hijo enfermo acude, consulta tras consulta, con las mejores búsquedas de literatura científica que yo hubiera podido encontrar. O aquella otra que se convierte en mecenas de la investigación que puede para ayudar a su hija. Ellas no constan en ninguna estadística, ni ese dinero cuenta en ningún balance sobre gasto sanitario. Sólo están ahí, ocultas y distan mucho de ser testimoniales. Se les debe mucha…

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No fueron las ambulancias; ¿fueron las vacunas?

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Ha fallecido una niña de 3 años por varicela complicada por una sepsis. Vivía en un municipio del norte de España del condado de Treviño, La puebla de Arganzón, el cual, por azares de su historia, pertenece administrativamente a una provincia distinta de aquella en la que está situada geográficamente. Esa circunstancia puso el punto de mira en este caso una supuesta descoordinación -que no resultó tal- entre administraciones de ambas provincias en el envío de una ambulancia en el momento en que empeoró el estado de salud de la cría.

Llama la atención que casi todos los medios del país -con honrosísimas excepciones como ésta, de Carme Chaparro-, independientemente de su ideología, hablen de la ‘muerte por falta de ambulancia’. Se cargan las tintas en nacionalismos y responsabilidades, izquierdas y derechas, en quién tenía que haber enviado la ambulancia y cuántas cabezas van a rodar.

A veces las cosas se desdibujan por ignorancia. Otras por mimetismo. Otras, por mala leche. El aspecto de la ambulancia es una soberana chorrada, totalmente marginal, una pérdida de foco tremenda, un chascarrillo de la desgracia. Lo que ha matado a esta niña no ha sido el color de la furgoneta de transporte que nunca vio.

Por lo que ha muerto esta niña es por la complicación de una enfermedad inmunoprevenible (la varicela). Y esta niña ha muerto por haberla contraído mientras vivía en el Reino de España, y no por haber vivido en Burgos o Euskadi.

La varicela es una enfermedad vacunable. Han concurrido, sin embargo, dos circunstancias que han impedido que esa vacunación fuera posible en este caso.

- SU SISTEMA NACIONAL DE SALUD NO LE OFERTADO LA VACUNACIÓN CONTRA LA VARICELA, A PESAR DE QUE EXISTE UNA VACUNA CON EFICACIA DEMOSTRADA. El Ministerio de Sanidad, con el acuerdo tácito del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (donde están representados los servicios de salud vasco y castellano leonés), ha excluido la vacuna de la varicela del Calendario Vacunal Unificado en la edad de riesgo, y sólo vacuna a los niños de 12-13 años que no hayan pasado ya la varicela salvaje, en contra de las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría, que recomiendan la vacunación a los niños de 12 meses con un recuerdo a los 2-3 años.

- SUS PADRES NO HABRÍAN PODIDO ADQUIRIR DICHA VACUNA EN NUESTRO PAÍS, NI SIQUIERA PAGÁNDOLA DE SU BOLSILLO. Desde Septiembre de 2013, el Ministerio de Sanidad ‘bloqueó’ la comercialización en farmacias de la vacuna de la varicela. La Asociación Española de Pediatría emitió una nota informativa sobre este problema, señalando las consecuencias para la salud pública que podían derivarse de dicha situación, toda vez que la restricción en la comercialización tenía una base científica tan endeble.

Esta niña, vacunada, no habría muerto por una complicación de la varicela ni en Treviño, ni en el Congo, ni en el mismísimo infierno. Simplemente, no habría enfermado. Y habría dado lo mismo que la ambulancia hubiere venido de la izquierda o de la derecha, fuere un tanque o un carruaje de caballos.

La gran pregunta es si era o no pertinente que esta vacuna estuviese o no incluida en el Calendario Vacunal. El miedo o los titulares jamás deben dirigir las decisiones en salud, y menos aún, la política de Salud Pública de un país. Los informes técnicos de los Servicios de Salud Pública deben ser la base de dichas decisiones, minimizando la influencia de argumentos políticos o intereses comerciales que nada tienen que ver con la salud de los ciudadano. Y con respecto a esta vacuna, hay opiniones para todos los gustos.

NOTA: Esta entrada está en permanente revisión para integrar las aportaciones y opiniones de algunos de los comentaristas de la misma, siendo alguna de ellas extraordinariamente acertada.

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Premio Dardos

Premio Dardos

No hay mejor forma de terminar un año que con un regalo. Y hoy estoy contento porque una persona a la que aprecio y admiro me ha regalado un premio Dardos.

Mi benefactor es Mi Reino por un Caballo, de José María Lloreda, divulgación pediátrica por diversión (doy fe de ello). Un magnífico blog que recomiendo.

La blogosfera está evolucionando; muchos han convertido sus blogs en páginas personales, otros han migrado a las redes sociales, como Facebook o LinkedIn, gran parte de su actividad divulgativa.

Enlazaré al blog de los autores, a los que aprovecho para agradecer su trabajo, su mirada, su esfuerzo. No me dejan dardear a mi querido Lloredita (que me gustaría dejarlo como un San Sebastián), pero sí a los siguientes:

Como blog divulgativo de Naturaleza, después de escribir y borrar mil veces miles de blogs, y para no pecar de injustas omisiones, selecciono dos a los que tengo un cariño especial:

  • El último rincón, de F J Barbadillo. Un lugar en nosotros, para asomarnos a los paisajes de la vida, y a la vida de los paisajes. IMPRESCINDIBLE.
  • Invertebrados de Huesca, de Enrique Gil. Probablemente, el blog que más he visto sin visitarlo ni una sola vez, dado que veo las entradas en Facebook. Una auténtica joya de la entomología

Entre los blogs de fotoperiodismo,

  • Marcello Scotti-Photography, de Marcelo Scotti, uno de esos fotógrafos que te abren el alma. Recomiendo su página de Facebook encarecidamente.
  • Ofelia de Pablo/photojournalist, de la fotoperiodista Ofelia de Pablo, que forma un magnífico tandem con…
  • Javier Zurita/photojournalist, del fotoperiodista Javier Zurita. Sigan de cerca a estos dos, dentro de poco los verán con algún premio gordo, gordo.
  • Walk on Earth, de Alfons Rodriguez. Puede que nadie os enseñe como él quién es ‘El Tercer Jinete’

Y en el mundo sanitario,

Distintas enfoques para un mismo empeño: trabajar por un mundo mejor, más hermoso, más natural, más justo, más sensato, más de todos.

Gracias a todos por vuestro trabajo.

No eres tú, soy yo: hora de reducir la brecha en la atención de fin de semana

Teodoro J. Martínez:

‘Los fines de semana tienen un estatus especial en nuestra cultura médica y en la sociedad en su conjunto. Si la reducción de la capacidad durante el fin de semana es el resultado de estrategias de reducción de costos o de la preferencia de personal del hospital, es claramente problemático. Desafortunadamente, la evidencia de daño en un modelo existente es a menudo la única manera de forzar un cambio de cultura. En este punto, la evidencia parece suficiente para justificar un cambio en la manera en que damos atención en fines de semana.’

Originalmente publicado en Primum non nocere 2014:

No eres tú, soy yo: hora de reducir la brecha en la atención de fin de semana

Lauren Lapointe-Shaw , Chaim M Bell

Departamento de Medicina , Hospital Mount Sinai de la Universidad de Toronto, Toronto , Canadá

Tradución libre del editorial publicado en BMJ Qual Saf doi:10.1136/bmjqs-2013-002674

Numerosos estudios  han descrito el “efecto fin de semana” y su impacto negativo en la atención hospitalaria puntual y la mortalidad. Los pacientes con numerosos problemas médicos y quirúrgicos experimentan mejores resultados si  llegan al hospital en un día de trabajo en comparación con un fin de semana. Los investigadores han puesto de relieve el problema como un reflejo de la reducción de personal y la disminución del acceso a los servicios especializados los fines de semana. Cabe destacar que este efecto de fin de semana se ha visto recientemente también en  ingresos  y cirugías optativas, lo que  plantea importantes…

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Invictus – In memoriam

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Nelson Mandela-2008 (edit)

Ha muerto un hombre especial: Nelson Mandela, el presidente que todos hubiéramos querido tener. Era el último de los grandes líderes del siglo XX. Grande por su estatura ética, por la transcendencia de sus actos, no por el peso económico de su país.

Ramón Lobo

‘Este es el poema que repitió durante los 27 años de prisión. En él están los sueños de la libertad y lo que significaba ser Mandela. Es tiempo de no olvidarlo.’

Invictus , por William Ernest Henley (1849–1903)

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.

Pero tú lo sabías ¿verdad?

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Pero tú lo sabías, ¿verdad?’. Un día su hijo puede que le haga esa pregunta. Podrá mentirle, o no, pero no podrá mentirse a ti mismo: lo sabía.

Usted sabía que, desde hace una década, mueren todos los años muchos más inmigrantes ahogados en el estrecho de Gibraltar que personas ha matado ETA en toda su historia. Sabía que alambrábamos Melilla con cuchillas asesinas que atentaban contra los derechos humanos. Sabía que encerrábamos a los inmigrantes indocumentados en campos de concentración modernos en los que las vejaciones y abusos que puedan cometerse quedan impunes. Lo sabía -lo sabemos-… pero no hizo nada para evitarlo.

(C) Sergio Caro Cadenas. Reproducida con permiso del autor.
(C) Sergio Caro Cadenas. Reproducida con permiso del autor.

Nos distanciamos con demasiada facilidad de los genocidios de nuestra historia cercana, desde el holocausto nazi hasta los más recientes de Srebrenica, el de Ruanda o la masacre étnica de Guatemala. Por algún motivo, asumimos que todos ellos tienen en común un ser muy malvado y poderoso que planea y lleva a cabo algo abominable que nadie puede parar.

Sin embargo, no todo es tan simple. Existe un paralelismo desagradable entre ellos y nosotros. Los conciudadanos de los que fueron exterminados presenciaron paulatinamente su segregación, su criminalización y su deportación. Toleraron con pasividad la escalada de abusos que llevaron a la masacre. Miraron a otro lado, o no se preguntaron lo suficiente, o se entretuvieron en otra cosa para no pensar. Hoy, junto a usted, hay migrantes que son separadosinternados y deportadosdirecta o indirectamente por nuestros ‘aliados cooperantes’, desde hace unos cuantos lustros, con gobiernos de uno y otro signo. Produce un incómodo desasosiego tener que enumerar siete diferencias.

Frente a la crueldad institucional la peor de las actitudes es la indiferencia. Los que se ensartarán en las vallas plagadas de cuchillas, los que regarán con su sangre la arena yerma de los pasos de frontera, los que, con suerte, no morirán a pesar de todo saltando las vallas y serán deportados al otro lado en cuanto consigamos remendarles sus heridas o los cacemos en redadas por nuestras ciudades, todos y cada uno de ellos, son seres humanos. Como usted y como yo, con padres, familia, amigos, dolor y esperanzas. Sangran, y lloran, y sufren, aunque a veces lo obviemos.

Mientras lee estas líneas, alguien ha huido de las hambrunas del Sahelatravesado el Sáhara exponiéndose a ser abandonado para morir de sedha escapado de los matones que bordean el lado alauí de nuestras fronteras africanas -o no ha escapado pero sobrevivió a la paliza, ha embarcado en una patera de las que se hunden en Lampedusa, o se ha ensartado esta noche en una valla española llena de cuchillas. O ha sido detenido y confinado en un Centro de Internamiento para Extranjeros en los que suceden abusos increíblesatrocidades impropias de esa democracia en la que usted cree que vive.

It's not easy - Sergio Caro Cadenas

Ese alguien, humano antes que migrante, necesita de usted algo sencillo: su empatía. Que comprenda que quien atraviesa medio mundo y se juega varias veces la vida para terminar vendiendo pañuelos tiene un problema muy, muy, muy serio. Necesita que, sea usted religioso o no, de izquierdas o derechas, del centro, de arriba o de abajo, vea en ellos al ser humano que usted mismo podría ser en cualquier momento, o que pudo ser su padre, o que podrá ser su hijo. Que pida -no, mejor que EXIJA- que su país, su nación, no lo trate peor que a un animal de una granja avícola. Que se despoje de la chaqueta azul o roja, magenta o verde, de su alzacuellos o del pañuelo palestino, y le tienda la mano a él, y al resto de seres humanos que se desgarran a la puerta de su casa. Que conteste hoy a su hijo del futuro: ‘Pero tú lo sabías, ¿verdad?’

Apuestas

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El español medio (y su político tipo) no planifica, ni proyecta, ni construye. Apuesta. Una desesperante versión de un maldito casino. Apostamos a que el aeropuerto traerá gente, a que la construcción subirá hasta el infinito, a que saldremos de ésta… No invertimos, especulamos. No sembramos, explotamos. No recogemos los huevos de las gallinas, las matamos.

Los Madrides olímpicos, las Eurovegas o los Paramounes, las Exposiciones Universales sevillanas o los monumentos arquitectónicos de autor, son un tipo de hacer política. Política de presupuestos llenos de ceros en los que es fácil que beban colegas por aquí y por allá, mausoleos de estulticia de los que nadie resulta nunca responsable, financiados con el famoso ‘yo invito y tú pagas’, que se despachan con un ‘Os lo prometí, y ahí está’. Y sí, ahí quedan, testigos de la historia de pandereta, enhiestos, dispersos por el territorio, carísimos nidos de pájaros hechos de hormigón, metal e indecencia. Un aeropuerto en cada esquina, un auditorio para cada pueblo, un cortijo en cada parlamento.

Ninguno de estos proyectos crea nada. Ninguno de estos proyectos enseña a los niños idiomas, o mejora la formación de los jóvenes, o les proporciona la cultura empresarial necesaria para autoemplearse. Ninguno de ellos fomenta esa investigación básica que creará nuevos horizontes para todos. Ninguno de ellos ayuda a desarrollar el turismo local, el pequeño comercio, el día a día de los ciudadanos. Ninguno de ellos provee los servicios necesarios, como la sanidad, los bomberos o los servicios sociales. Son un gran décimo de lotería, un poco más caro, un poco más inconsciente, un poco más peligroso.

No hay más dinero que el que hay. Los 100 millones de euros de la promoción (o apuesta) de una candidatura olímpica, no estarán cuando queramos invertir (sembrar) en algo menos espectacular, pero más tangible, más seguro. Nuestros cuentos de la lechera suelen terminar sin cuento y con el cántaro roto. No podemos seguir así.

Españoles todos: es tiempo de dejar de comprar lotería. Ha llegado el momento de que sembremos las semillas de nuestro futuro, para que nuestro invierno sea más soportable, confiados en la certeza de que mañana brotará nuestro sustento. Forjemos un proyecto de inversión de país de otro estilo: la atención a lo pequeño -que somos todos-, al pequeño empresario; al tren de cercanías; al turismo rural; al comercio comarcal; al cuidado del monte que da tan buen fondo a las fotos del pueblo y que tan feo queda cuando se quema; a la alcantarilla que siempre se atasca; al cruce maldito que tantas vidas se lleva; al logopeda de nuestro crío; a crear un concurso literario que descubra los talentos perdidos entre nuestros vecinos, o a un tiempo de espera decente para el psicólogo que ayuda a nuestra madre a superar la muerte del amor de su vida…

Es hora de cambiar de cuento; no más lecheras, por favor. Ahora nos tocan la hormiga y el cerdito previsores. Juntos, trabajando, entre todos.

Sin apuestas.

El lado oscuro de la luz

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Demasiada luz para una noche.

La misma toma, dos revelados. Una composición de cinco fotografías desde mi ventana.

Mirando el horizonte (2 de 2)-2

En esta primera toma parece que es de día, pero son las dos de la madrugada. Se ha engañado al programa que usé para revelarlas para hacerle creer que es de día, lo que puede comprobarse en esas farolas de la calle que deberían ser naranjas, y no verdes.

El color es falso. Pero la intensidad de la luz, no.

Mirando el horizonte (1 de 2)-2

Esta toma es la que tiene color real, con la cámara calibrada con una carta blanca. Es lo que cualquiera que mirase a la ventana anoche pudo ver. Mucha luz. Demasiada. Todo a costa de electricidad desperdiciada para crear un día en la noche.

El inmenso infierno naranja de las farolas de la ciudad volvió ayer reflejado desde las nubes, para recordarnos que no hace falta tanto, que es de noche, que sobra, que no está bien, que no es natural. Y lo peor de todo, es que tampoco es sano. La luz tiene también un lado oscuro, sobre nuestra salud.

Nuestros cuerpos reaccionan a la luz como lo hacen los de los otros mamíferos, activando ciclos de sueño-vigilia (llamados circadianos) según la luz ambiental. Nos da sueño de noche, nos despertamos de día, nuestros ritmos de fertilidad se acoplan a la duración de los días en primavera u otoño… También enfermamos cuando la luz es inadecuada. La lista de patologías asociadas a los excesos del alumbrado público incluye trastornos del sueño, depresión o irritabilidad. Pero no se conformen con creerme: mejor léanlo ustedes mismos, del artículo del que he tomado prestado el título de este post.

Inciso económico (que en estos tiempos todo hay que justificarlo con dinero):

Estoy convencido de que muchas veces no es maldad lo que nos mueve a equivocarnos, sino la ignorancia. Y estoy seguro de que los que encienden estas farolas no saben lo que hacen, lo barato que sería regular automáticamente su intensidad y lo saludable que sería corregir su direccionalidad. Hay sitios de esta nuestra España en los que sí se han dado cuenta de que la luz importa. Y hasta han legislado profusa y minuciosamente. Les recomiendo el sitio del Instituto de Astrofísica de Canarias, en el que podrán aprender más sobre la contaminación lumínica, cómo evitarla antes de que se produzca, y cómo solucionarla cuando ya está presente.

Esta noche, el infierno sobrevoló nuestras cabezas. Y lo peor es que lo pusimos allí nosotros. ¿Nos sobrevolará también mañana?

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