No creo que quedase alguna duda, pero nunca está de más hacerlo aún más explícito: comparto plenamente el manifiesto de adhesión a la plataforma ‘No gracias‘.
La industria farmacéutica ha sido criticada con frecuencia por anteponer sus intereses lucrativos y mercantiles al interés de la ciudadanía por su derecho a recibir atención sanitaria. Que la imposibilidad de acceso a los medicamentos básicos de amplios sectores de la población mundial, la sobreprotección de las patentes, los elevados precios o la medicalización de la vida, son estrategias de negocio que se refuerzan con un marketing agresivo.
Es conocido que numerosos estudios demuestran que la promoción comercial de medicamentos de la industria farmacéutica modifica profundamente los hábitos de prescripción de los médicos. Que los médicos que aceptan publicidad de la industria, regalos, formación, estancias a congresos y otros obsequios, tienden a recetar medicamentos de la compañía patrocinadora, a recetar más medicamentos de todo tipo y a valorar los mensajes publicitarios como si fueran argumentos científicos.
No dudo que el médico necesita estar permanentemente actualizado para mantener su destreza. Creo que el principal responsable de la formación permanente de los médicos y de otros profesionales del Sistema Nacional de Salud debe ser el propio Sistema, y que esta función no se debe dejar en manos de las empresas proveedoras, como sucede en la actualidad.
Manifiesto mi preocupación por el efecto de la publicidad ejercida por la industria farmacéutica y de tecnología sanitaria sobre los médicos y sobre otros profesionales sanitarios, porque puede tener consecuencias graves para la salud de otras personas y pone en riesgo el uso equitativo de los recursos asistenciales.
Como paciente, preferiría que mí médico pusiera al día sus conocimientos por canales distintos a los facilitados por la industria, y que, en todo caso, las relaciones que mantenga con la industria sean conocidas públicamente y no interfieran en su independencia de criterio. Como paciente, preferiría que los médicos que me atiendan sepan mantener con la industria un comportamiento ético, es decir, que no tengan motivos para avergonzarse de sus relaciones con los laboratorios farmacéuticos.
Manifiesto mi adhesión a la Plataforma “No Gracias“, constituida por médicos, farmacéuticos, enfermeras, otros trabajadores de la salud y ciudadanos, por ser una iniciativa coherente para preservar la independencia de nuestro Sistema Sanitario, la autonomía profesional y los valores éticos ligados a la atención a la salud.
Pienso en las personas desahuciadas, en parados, en abuelos, en dependientes, en enfermos, inmigrantes y demás víctimas del holocausto financiero, y no alcanzo a entender la voracidad de los que todavía pugnan por quitarles hasta el alma, las esperanzas, la dignidad. No puedo entender al que se ceba en el débil que ya está en el suelo; las hienas (instintivamente) hacen eso… y ellos (¡racionalmente!) también. No merecen que se les considere seres humanos, pero lo son. Somos, en parte, ellos; son nuestra vergüenza.
Pienso en las Empresas Sociales, surgidas en el seno del capitalismo, que juegan con sus reglas, pero que destinan sus beneficios a la sociedad en la que nacen y dinamitan sus cimientos injustos. Pienso en el premio Nobel de la paz Muhammad Yunus, creador de los microcréditos, o en José Luis Sampedro, y su ‘Hay dos clases de economistas; los que quieren hacer más ricos a los ricos y los que queremos hacer menos pobres a los pobres‘. Pienso en los que se quitan tiempo a sí mismos para dárselo a los demás de las más inverosímiles y productivas maneras… y pienso que existe esperanza.
Mis amigos de L’Escola Tècnica Superior d’Enginyeries Industrial i Aeronàutica de Terrassa (ETSEIAT) no son los que más perderían si sigue adelante esa brutalidad, ese genocidio intelectual: son personas extraordinariamente inteligentes y preparadas que encontrarán mil y una formas de salir adelante, mucho más productivas que la <sigh> depauperada docencia e investigación de nuestro país. Tampoco temo por sus alumnos, seleccionados como los mejores entre los mejores expedientes de cada promoción, y a los que se rifan fuera de nuestras fronteras. Temo por nosotros. Por este macrocasino chiringuitero de iletrados que están fabricando, destinado a vivir de prestado por los restos, amputada su élite intelectual, esclavizada su fuerza productiva, amordazada la crítica cultural.
Temo, pero esta noche no, porque mientras escribo estas líneas esos profesores universitarios están haciendo una huelga a la japonesa, y dan fuera de horario clases a todo el que las quiera oír. Elevarán su voz docente exorcizando la ignorancia y la estupidez humana, como llevan haciendo los sabios desde que el hombre es hombre. Manel hablará de ecuaciones diferenciales, y nos regalará una charla sobre cómo fotografiar estrellas. No podré oírlo, pero se lo agradezco, de corazón. Por mis hijos, por mí, por nosotros.
En su reciente Plan Nacional de Reformas de 2013, el Gobierno ha previsto el recorte de hasta 1.108 millones en el gasto asociado a la Ley de Dependencia. De facto, esto supondría una derogación encubierta, toda vez que el ahorro previsto supera la partida asignada en los Presupuestos Generales del Estado al desarrollo de ley.
Si el Plan de reformas consiguiera el ahorro que pretende en esta partida, sellaría la muerte del Derecho ciudadano más breve de la democracia española. La Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia y a las familias de España (conocida como Ley de Dependencia) fue aprobada en Noviembre de 2006. Su objetivo era asegurar la atención al tercer pilar de la definición de OMS de Salud (completo bienestar físico, psíquico y social), y sentar las bases para un futuro Sistema Nacional de Dependencia integrado en el Sistema Nacional de Salud.
¿Era necesario? Según la OMS, imprescindible. Una correcta asistencia sanitaria no siempre devuelve al paciente a la situación vital que tenía antes de la enfermedad. Toda enfermedad es susceptible de provocar una discapacidad temporal o permanente en cualquiera de los aspectos de la vida de la persona, que influye decisivamente en el problema de salud que la ocasionó, y que son susceptibles de atención y rehabilitación. La enfermedad induce riesgo de empobrecimiento físico, económico y social, y este empobrecimiento a su vez favorece la enfermedad en un círculo perverso interminable. Romper esta espiral viciosa es más fácil al inicio del problema, cuando una intervención mínima permite recuperar la situación basal a un coste mínimo y sin deterioro de la situación por abandono.
Nuestro sistema sanitario ha ido supliendo sus carencias en la atención de la Salud Mental y en la Asistencia Social en los últimos años, abandonando la visión netamente asistencialista de sus orígenes. En lo social, la Ley de Dependencia de 2006 supuso un hito legislativo sin precedentes; sin embargo, el respaldo presupuestario y el despliegue estratégico de la misma distan mucho de haber sido óptimos. Quizá el peor error fue la falta de decisión a la hora de diseñar el Sistema Nacional de Dependencia, optándose por un modelo de subsidios, en lugar de por la creación de una red de Servicios de Atención al Dependiente integrada en el Estado.
Las ayudas económicas al cuidador del dependiente han sido el blanco de los más duros ataques al nuevo Sistema. De hecho, fueron cruelmente criticadas por los detractores de la nueva ley por su peso en la economía global, la supuesta ineficiencia de las mismas y la posible malversación de cuantías por los beneficiarios. Lo curioso es que a estas críticas no les falta un punto de razón: el mejor sistema no parece ser subvencionar al cuidador para que compre los servicios de ayuda; en su lugar, el propio Estado debería suministrar estos cuidados, al igual que en la Asistencia Sanitaria o la Asistencia Mental, con criterios de eficiencia, profesionalidad, seguridad, y equidad. Es el momento de reflexionar, tras seis años de implantación de la Ley de Dependencia, sobre lo que se ha hecho bien (que seguro que es mucho), los errores cometidos (que no serán menos) y los modelos más eficaces de entre las experiencias autonómicas. Conocer, reflexionar, mejorar, avanzar.
Somos seres biológicos con una mente única que vivimos en sociedad. Enfermamos cuando alguna de esas tres patas del banco de la salud cojea: la física, la mental o la social, y la respuesta de un Sistema de Salud debe abarcar los tres ámbitos. La Atención a la Dependencia es un aspecto clave del trabajo sociosanitario, puesto que intenta descubrir, corregir, apoyar o tratar la vulnerabilidad social inducida por la enfermedad. El Estado no puede desentenderse de la gestión de los servicios que le son propios, como la atención a la salud en todas sus aspectos, basándose exclusivamente en excusas coyunturales; el círculo vicioso enfermedad-pobreza-enfermedad trabaja independientemente de si reparamos en él o no.
(C) Munir uz Zaman – AFP. Un joven bangladí grita junto a las ruinas del edificio de ocho plantas que se derrumbó el 24 de Abril de 2013 en Savar, un suburbio de la capital Dhaka. Cerca de cuatrocientas personas murieron entre los escombros, con un número indeterminado de desaparecidos. El edificio albergaba diversas empresas textiles que suministraban ropa a bajo coste a cadenas de ropa occidentales, como Primark o El Corte Inglés.
Todos podemos llegar a morir por un maldito margen de beneficios.
Si fuera Presidente de un gran país tendría dos dimensiones y brillaría en la oscuridad.
Si fuera un buen ciudadano, pediría que adelantasen el mundial de fútbol, y sería españolaquéquieresquetegane.
Pero, para mi desgracia, soy pediatra, y en el cuarto mes del decimotercer año del siglo XXI he visto la peor infestación por sarna y piojos que recuerdo en los últimos diez años.
Y estoy jodido.
Ni los piojos ni la sarna son raros, pero ver a un crío con el lustre de un perro plagado de garrapatas y pulgas no es ni frecuente ni agradable. Si fuera más permeable a los tranquilizadores mensajes que nuestros ínclitos líderes sueltan desde sus atriles, tendría paciencia.
La maldita realidad en forma de fiesta de la espuma del ácaro no me ha animado a tener paciencia este día de abril. Que la primera preocupación tras el diagnóstico de la madre haya sido saber si el medicamento estaba o no financiado por la seguridad social tampoco me ha ayudado. Y que lo haya preguntado incómoda, anacrónica, impropia, inusual, jodida y -mierda- oportunamente suplicante le ha dado la maldita puntilla a mi paciencia. Y es que entender, compartir y empatizar con esa incómoda, anacrónica, impropia, jodida y desgraciadamente oportuna súplica me ha hecho polvo el karma, porque la mujer tenía razones para temer: entre 11 y 17 euros el tubo de crema, según tamaño, para cuatro miembros de familia, y a uno o dos tubos por cabeza, dan para muchos cafés. O para fundirse cualquier mamandurria de ayuda de 400 euros en unos botes de cremita. ‘Sí, lo cubre el seguro, no se preocupe, señora‘. ‘Por el momento‘, me ha faltado decirle.
Verla correr apenas terminar la consulta, el niño de la mano como una cometa, por el pasillo adelante -un puntito desesperada-, para llegar a tiempo a que le hicieran la receta en su médico ha sido el finiquito de mi buen rollito. ‘En la farmacia ya no fían‘ me confesaba un paciente hace poco. Ni en la farmacia, ni en la tienda del barrio, ni en la panadería tampoco, apostillan los billetes de quinientos euros, que todo lo ven y todo lo saben.
Ojalá fuera más flexible, como un junco… Pero no siempre me sale.
Si fuera una camilla reflexionaría sobre lo extraño que habría sido ver esta escena en la consulta hace cinco años.
Si fuera ex-tesorero de algo me iría a esquiar
Si fuera EREador me metería un cañonazo de farlopa a la salud del parásito.
Pero, para mi desgracia, soy pediatra, y en el cuarto mes del decimotercer año del siglo XXI he visto la peor infestación por sarna y piojos que recuerdo en los últimos diez años.
La X Solidaria es una equis que ayuda a las personas más vulnerables. Podrás marcarla cuando hagas la declaración de la renta. Es la casilla que se denomina “Fines Sociales”. Nosotros preferimos llamarla X Solidaria, porque su nombre nos parecía muy frío cuando se trata de ayudar a los demás.
Solidaria,
Porque al marcarla haces que se destine un 0,7% de tus impuestos a programas sociales que realizan las ONG.
Porque se benefician los colectivos más desfavorecidos, sin ningún coste económico para ti.
Porque NO marcarla es tomar una actitud pasiva, y dejar que sea el Estado quien decida el destino de esa parte de tus impuestos.
Porque marcándola te conviertes en contribuyente activo solidario.
Es hora de pasar a la acción.
No te olvides, marca la X Solidaria.
Días hay para la prosa, el argumento y el debate. Hoy me limitaré a traer algunos gráficos extraídos del European Health Report 2012 de la sección europea de la OMS, recién publicado. En ellos podemos comparar algunos aspectos de la sanidad española, y sus resultados en salud, con la de los países de nuestro entorno. Es MUY ilustrativo. ¿Me acompañan?
Esperanza de vida ajustada por edad. España es el país con mayor esperanza de vida para las mujeres de toda la Región Europea de la OMS
Tasa de Mortalidad por todas las causas. España es un buen país para los que quieren posponer eso de morirse: Entre los 5 mejores
Años de vida perdidos por discapacidad (DALYs: Disability adjusted life year). Séptima mejor posición; el español muere más tarde, y con mejor salud que si hubiera nacido en Alemania, Francia, Reino Unido, Finlandia…
Gastos en salud que salen del bolsillo del paciente (OOP: Out Of Pocket) como proporción del gasto total en salud. Uhm… ¿de verdad que en España es todo gratis, y en el resto de Europa no? Pues miren nuestra posición, y compárenla con otros supuestos ‘paganinis’, como Alemania, Francia, Luxemburgo, Finlandia, Noruega…
El informe es interesante. Para las personas ocupadas, han elaborado un resumen ejecutivo (en inglés y ruso, lo siento). En él podemos ver muchas más cosas, como que no somos el país en el que mejor se vive de Europa (y menos ahora, claro), o que se espera que una de las principales causas de pérdida de años de vida en el año 2050 sean las enfermedades psiquiátricas. Para reflexionar…
Pero me resisto a terminar sin un regalito: un glosario para entender los palabros que dicen nuestros amados políticos sanitarios sobre lo posible, lo razonable o lo coste-efectivo, con un bonito ejemplo: La mortalidad prematura por enfermedad cardiovascular en 2006-2010:
Teórico: lo que supuestamente se podría conseguir
Posible: lo que ha conseguido el mejor (en este caso, Israel)
Factible: la media de un conjunto de países (como la UE-15)
Coste-efectivo: un nebuloso concepto que viene a ser algo como ‘¿Y cuánto me das por X millones de euros de inversión en sanidad?’
España tiene una tasa de mortalidad prematura por enfermedad cardiovascular que está más cerca del Olimpo de los dioses de la Sanidad que de cualquier otra categoría. No deje que un (o una) bienhablad@ desde un púlpito le engañe: cualquier otra opción que no sea la excelencia es empeorar en nuestro caso. Y todo argumento sobre la -supuesta- insostenibilidad del sistema debe ir precedido de una explicación de por qué seguimos siendo uno de los países de la OCDE que menos % de su PIB invierte en Salud.
Lea, valore los datos, y tenga mucho cuidado al escoger la postura que defiende. Puede que sea usted al que le toque el próximo infarto coste-efectivo.
Guidelines made me feel so happy I could die I told my patients it was good enough To lower glucose make them unconscious I put my 95 year-olds on a statin
Yo era adicto a un determinado tipo de práctica clínica
Las guías me hacían sentir tan feliz que podría morir…
Es curioso cómo nos cuesta a los sanitarios interactuar con los pacientes para hacerlos copartícipes del cuidado. Y la relación entre planificadores sanitarios y usuarios no es mucho más fluida de la que tenemos con los marcianos.
Hay un divorcio entre teoría y realidad, entre ciencia y creencia, entre posibilidad y acto, cuando se trata de incluir al paciente en el plan asistencial o en el diseño del propio sistema de salud. La responsabilidad de que el paciente sea más activo es compartida por profesionales, gestores y los propios usuarios.
Al hablar de los profesionales hay un ejemplo que en pediatría que ilustra muy bien de lo que hablamos: el cuidado piel con piel de los bebés prematuros. Lejos de ser una ‘moda hippie’, es recomendado por la Organización mundial de la Salud, ya que se ha demostrado que los recién nacidos prematuros y o gravemente enfermos que permanecen en contacto directo con su madre tienen una evolución clínica muy superior a la de aquellos que permanecen en un ambiente ‘controlado’ en incubadora.
¿Qué gestión hacemos los profesionales sanitarios de este conocimiento en nuestro medio? ¿Somos sensibles a la evidencia científica?
Pues bien: hace unos días salía en El País esta noticia, relacionada con los beneficios de permitir que las madres convivan el mayor tiempo posible con los bebés prematuros durante su ingreso hospitalario: para la salud del crío, para la relación madre-hijo, para la gestión (¡se acorta la estancia hasta una semana!), … Pero aún así los hospitales de tercer nivel que han adoptado la buena práctica y que han sido acreditados son rara avis en nuestro país. Los profesionales seguimos reticentes a permitir que las madres entren en nuestras tecnificadas UCINs y toquen a nuestros (¿NUESTROS?) pacientes.
Somos tajantes a la hora de hablar de ello: Imposible, Irreal, Impracticable, Inviable,… Y, sin embargo, lo único que demostramos con nuestra vehemencia es nuestra ignorancia y falta de mundo. En el siguiente vídeo del Hospital de Cincinatti podemos ver cómo se aplican los cuidados piel con piel en pacientes con cuidados de complejidad creciente… hasta llegar al caso del minuto 5: un paciente prematuro, en ventilación mecánica, en una UCIN, que reposa en el pecho de su madre.
Madres y profesionales, juntos, trabajando por el niño… Es en este momento cuando debemos incluir a los pacientes en el foco de atención y preguntar: ¿Qué nos diferencia de este vídeo, a profesionales y pacientes, en nuestro país? ¿El ‘let’s do it!‘ que casi entona la madre? ¿Son actitudes? ¿Son roles que no queremos perder? ¿Acaso relaciones de poder y sumisión basadas en la medicina de otros tiempos? ¿Son los pacientes demasiado pasivos a la hora de acceder a la asistencia? ¿Han sido amordazados, o han permitido que se les amordace?
La triste realidad es que esta forma de trabajar no está basada en la eficiencia (todo lo contrario, estamos desperdiciando dinero), ni en la ciencia (puesto que es demostradamente perjudicial); sino en la costumbre. En la MALA costumbre. Nos hemos acostumbrado a tratarnos unos a otros patológicamente, en una relación en la que hay dominadores y sumisos, agentes y pacientes, un mando y un obedezco. Y nos está costando pasar al propongo y el elijo, tanto a unos como a otros.
Algunos pacientes ven los consentimientos informados como una amenaza, una delegación de responsabilidad intolerable, casi un ‘escurrir el bulto’ de los profesionales. ‘Usted sabrá, que es el médico’, frente a un ‘cuénteme las opciones de modo que yo las entienda para que pueda elegir la que más me interese’. Y no les falta su parte de razón, cuando algunos profesionales los entienden precisamente como esto. ¿Estamos preparados para ser libres, o preferimos la felicidad narcótica del que es dirigido y no toma sus propias decisiones?
¿Y qué hay de los gestores y planificadores sanitarios? ¿Somos los profesionales la causa de la sordera selectiva del sistema de salud a la opinión del usuario? ¿Son los usuarios los únicos mudos a la hora de expresar sus problemas? ¿Acaso es el estamento gestor es más sensible a los pacientes?
Podríamos pensar que sí, a tenor de lo bien colocados que salen los usuarios -últimamente clientes- en todos los Planes, Estrategias y Libros blancos de Ministerios y Consejerías de salud, los preámbulos de las leyes y las notas de prensa. Pero no es menos cierto que no se está haciendo mucho (o mejor dicho, nada) por acercar la sanidad al paciente allá donde más necesario es, y en un nivel que sólo al estamento gestor compete: la transparencia y la participación.
El sistema sanitario debe ser de cristal, como cualquier otro servicio público. Pero no únicamente en los presupuestos, pues parece que el dinero es lo único que debiera ser aireado. La mortalidad, los resultados en salud, los datos de resistencias antibióticas, la eficiencia, la esperanza de vida en buena salud entre comunidades, los currículos de los profesionales que atienden a los enfermos, los resultados quirúrgicos… Son tantas las cosas que se deben mostrar a los pacientes para que ellos puedan tomar sus propias decisiones plenamente informadas que la lista daría para un tratado.
Mas no sólo de transparencia vive el hombre: además de conocer, es necesario poder opinar y que esa opinión tenga peso, que sea vinculante. Ha llegado la hora de que el paciente deje de ser el centro de los Planes de papel para ser el centro real de la asistencia. Debe poder participar, y para ello es urgente potenciar y desarrollar de una vez por todas los magreados y nunca bien implantados Consejos de Salud (el equivalente sanitario de los Consejos Escolares en Educación), abrir a los pacientes las puertas de los órganos de decisión, opinando, votando, objetando… No hay mejor defensor de la salud que el propio interesado. Es una prioridad reorientar la filosofía de nuestro sistema sanitario.
Algo tiene que cambiar en nuestra mentalidad, desde los directivos a los propios usuarios, si queremos que esto sea posible. Hoy vemos con normalidad que los padres estén representados en los claustros y reuniones directivas de los colegios, pero nos parece una utopía que los pacientes lo estén en las reuniones directivas de un hospital o un centro de salud. Vemos normal que haya consejos escolares provinciales, regionales o estatales, pero parece de chiste imaginarse una reunión del Consejo interterritorial con un representante de las asociaciones de enfermos con voz y voto.
Como ya mostró Galileo en su momento, el hecho de que algo se mueva aparentemente a nuestro alrededor no nos convierte en el centro del Universo. Y el que los pacientes revoloteen alrededor de consultas o de estadísticas no convierte a profesionales o gestores en el centro del Sistema Sanitario.
La actual crisis del Sistema Sanitario no debe terminar en una mera reforma contable. Es preciso indagar en otras debilidades que se han ido implantando en el sistema, ya sea por costumbre, dejadez, descuido o mala fe. Y redefinir el lugar REAL del paciente en el sistema es una prioridad, tanto en las decisiones respecto a su propia salud, como en las que afectan al conjunto del sistema sanitario.
Ayer vi una foto excesivamente dolorosa. Mostraba una madre abrazando a su hijo de seis años, Dhiya. Estaba muerto, ensangrentado, atravesado por las balas en un país al que llevamos la guerra de mano de nuestras ‘imperfecciones’ políticas, Iraq.
Él y su familia volvían de matricular a su hijo en el colegio. Iba a ser su primer año. Pero les pilló un tiroteo en el camino. A su hermano de diez también lo hirieron. Dhiya tuvo peor suerte.
Conservo esa foto en mi muro, privada, destacada, para recordar por qué luchar por el desarme, contra las armas cortas que tan bien vienen a nuestras exportaciones, contra las balas que empaqueta una buena señora en una fábrica española y que matan niños en cualquier otra parte del mundo. Aunque al excelentísimo Sr. Ministro de Defensa la parezcan simplemente una ‘imperfección política’.
En su lugar, publicaré la flor que me gustaría regalarle a su madre, la que debería haber visto crecer ese niño. Una flor viva, en el momento que una abeja la poliniza y hace eterna, esperando que el viento disperse sus semillas hasta donde sea posible.
Me gustaría pedirle perdón a su madre por haber permitido que mi país convirtiese el suyo en la futura tumba de Dhiya. Me gustaría abrazarla, consolarla. Me gustaría devolverle a su hijo muerto. Pero no es posible.