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atención centrada en el paciente, guía práctica clínica, humanidad, Independencia, NICE, paciente, respeto, satisfacción
Las evaluaciones de calidad de los sistema sanitario suelen manejar dos grandes grupos de indicadores: los macrosanitarios, que evalúan políticas y gestión (eficiencia, cobertura…) y los microsanitarios, relacionados con la actividad asistencial de los profesionales (infartos evitados en pacientes diabéticos, porcentaje de parto natural en gestaciones no complicadas). En los últimos años se comienza a incorporar en las evaluaciones al tercer pilar del sistema, el paciente, destacando con fuerza un sencillo pero potente indicador: la satisfacción con la atención recibida.
La nueva medida no está teniendo un comienzo fácil. El avance que ha supuesto la monitorización de la misma no ha ido acompañado de su importancia en la planificación de los servicios y políticas sanitarios. La satisfacción es un indicador con mala prensa entre los profesionales, que recelan de ella como si de una suerte de cheque en blanco para usuarios malcriados y exigentes se tratara. Por otro lado, la ambigua amplitud de significados que puede cobijar el concepto ‘satisfacción’ no ha ayudado a mejorar su reputación, y ha dado alas a su uso demagógico con fines electoralistas por representantes políticos de todas las ideologías. Para que la satisfacción sea una medida válida de la experiencia del paciente de la asistencia recibida es preciso definirla concreta, medible y sensatamente, centrándose en las necesidades y expectativas reales del paciente.
El NICE británico ha elaborado una guía clínica (Pathway, en su terminología) en la que recopila y estructura todos sus consensos, protocolos asistenciales, y estándares de calidad relacionados con la experiencia de los pacientes adultos en los servicios sanitarios del National Health Service. El documento proporciona una visión de conjunto centrada en el enfermo y sus necesidades, y se convierte así en una herramienta de indudable valor para el rediseño de procesos y la mejora de la asistencia, tanto para gestores como para profesionales.
En una primera lectura llama agradablemente la atención la ausencia absoluta de elementos asistenciales: no hay agujas ni bisturíes. Es un documento humano, sencillo y profundo. Aborda aspectos fundamentales de la asistencia y diseña indicadores precisos, científicos y evaluables para cada uno de ellos, como el respeto al derecho de confidencialidad del paciente, sus creencias religiosas o la correcta atención al miedo a un procedimientos. El documento es inevitablemente extenso en su calidad de exhaustivo; sin embargo, no puedo dejar de recomendar su lectura atenta a cualquier profesional o gestor que tenga al paciente como centro de su actividad profesional. Alguno de los aspectos más relevantes del mismo son los siguientes:
- Intenta recuperar la individualidad del enfermo, frente a la consolidada costumbre de pensar en poblaciones de pacientes. La asistencia debe personalizar y adecuar al paciente concreto lo que el planificador generalizó para una población abstracta.
- Propone indicadores concretos de calidad de la asistencia desde el punto de vista del paciente, relacionados con el respeto, su independencia, la atención a sus miedos y preocupaciones, su capacidad para decidir y la atención a su nutrición, necesidades personales y analgesia.
- Propugna la adaptación de los servicios sanitarios al paciente
- Impulsa la participación activa y capacidad de decisión de los pacientes en su propio cuidado: capacidad, requisitos de la información suministrada, consentimiento, derecho a la revocación del consentimiento dado, …
- Establece la continuidad de la asistencia a todos los niveles como un aspecto fundamental de calidad del sistema (entre profesionales, niveles asistenciales y entre los Sistemas Sanitarios y los Servicios Sociales)
Esta guía clínica del NICE concibe la experiencia asistencial del paciente con mucha más ambición que un mero cuestionario anual: la sitúa como objetivo prioritario del sistema nacional de salud. Propone una profunda metamorfosis de los sistemas sanitarios para conseguir un nuevo objetivo: no sólo procurar la mejor salud a los individuos, sino hacerlo de la mejor manera posible.
Esta perspectiva colma de sentido a los sistemas sanitarios, que se acercan al adoptarla al ideal de completo bienestar físico, psíquico y social propuesto por la OMS. La vertiginosa tecnificación de la atención parece haberse dejado atrás en el camino la humanidad y la empatía hacia el enfermo. Puede ser una buena oportunidad para reducir la marcha, y recuperar lo que nunca debimos perder.

