Se plantea de nuevo, recurrente como un ariete, la necesidad de reformar el Sistema de Formación de Especialistas sanitarios en nuestro país (médicos, enfermeros, biólogos, psicólogos, físicos, farmacéuticos y químicos…). Molesta lo poco reflexivas que suelen ser las propuestas, lo tendentes a despreciar lo propio en favor de lo ajeno, lo faltas de argumentos aparte del manido ‘esto es viejo, hay que cambiar’.
A modo de reflexión personal, he querido repasar el impacto que el sistema de Formación Sanitaria especializada ha tenido en el sistema de Salud de nuestro país. Quizá merezca la pena cambiarlo, me dije, si realmente no ha servido para mejorar la calidad de la asistencia de nuestros enfermos, que es lo único que en realidad importa.
Para evaluar el impacto que ha tenido la formación especializada en el sistema sanitario de nuestro país he estructurado el estudio siguiendo las dimensiones clásicas de la Calidad Asistencial. Los iremos desgranando en sucesivos artículos:
- La Calidad Científico-técnica de la asistencia prestada
- La Accesibilidad (equidad) para los usuarios del sistema
- La Satisfacción de los usuarios
- La Seguridad de las actuaciones
- La Sostenibilidad del sistema sanitario en su conjunto
1. Formación especializada y Calidad Científico-técnica de la asistencia
El primer punto parece el más evidente: la formación especializada tipo MIR ha supuesto un enorme salto cualitativo en la calidad científica de la asistencia prestada.
Podemos indicar como factores claves para esta mejora de la calidad los siguientes:
- El valor del propio examen MIR como garantía de calidad formativa
- La existencia de planes de formación estandarizados para cada una de las
especialidades médicas
- El proceso de superespecialización clínica dentro de las especialidades
- La apuesta por la innovación tecnológica en el Sistema Nacional de Salud
- El esfuerzo inversor en recursos humanos
El examen MIR como ‘reválida’ de la formación pregraduada
El examen de selección para acceso a la formación especializada representa para los aspirantes una ‘reválida’ de los conocimientos adquiridos en los seis años previos.
Si bien la dificultad para aprobarlo ha disminuido en la última década (hay más plazas ofertadas y menos aspirantes), no es menos cierto que existe una gran competencia para determinadas especialidades, y el nivel de exigencia de la prueba para los primeros mil quinientos puestos es muy elevado.
Con ello, los recién postgraduados repasan en profundidad los contenidos propios de su futura actividad profesional, adquiriendo por primera vez en su periodo formativo una visión de conjunto de los saberes médicos.
Los planes docentes de Formación especializada
Cada especialidad tiene un plan docente sistemático que permite, tanto a los docentes como a los estudiantes, saber qué deben aprender, y qué carencias pueden observar durante el período formativo.
Así, en el caso de que el hospital elegido muestre deficiencias en un área determinada, pueden detectarla antes de completar su especialización y solventarla mediante rotaciones externas o formación específica.
La superespecialización clínica como búsqueda de la excelencia
Dentro de cada especialidad se han ido desarrollando nuevos subespecialistas en áreas muy concretas de su ámbito de conocimiento. Gracias a ello se han podido desarrollar unidades clínicas muy especializadas que hoy son referencia a nivel nacional, en la que confluyen profesionales procedentes de distintas especialidades médicas pero que tratan a pacientes comunes.
Como logros en este ámbito podemos citar el Hospital de Lesionados Medulares de Toledo, o la estructura de donación y trasplante de órganos de nuestro país, representada por la Organización Nacional de Trasplantes.
La apuesta por la innovación tecnológica en el Sistema Nacional de Salud.
Los profesionales del sistema público de salud han tenido –hasta ahora- un razonable acceso a las últimas tecnologías diagnósticas y terapéuticas, lo que ha redundado en la equidad de la asistencia entre los distintos centros que lo conforman, y tener la oportunidad de proveer una atención con altos niveles de calidad científica que habría sido imposible de otro modo.
Esfuerzo inversor en recursos humanos especializados
No sólo se han formado especialistas de alto nivel, sino que, hasta hace un par de años, era difícil ver a un especialista médico en paro. El sistema absorbía la mayoría de los especialistas que formaba; incluso en algún momento fue necesario importar especialistas de otros países, en especial de Latinoamérica, para cubrir la demanda.
Con ello, la disponibilidad de personal especializado para realizar labores complejas, como por ejemplo la trombolisis de infartos de miocardio o cerebrales, ha mejorado los resultados y la supervivencia de estos pacientes, y ha contribuido a situar a nuestro país en los primeros puestos en muchos indicadores clave de salud.
2. Formación especializada y accesibilidad (equidad) de la asistencia
Existe una doble vertiente en lo que respecta al impacto de la formación especializada en la equidad de la asistencia.
- De un lado, al incrementar el número de especialistas de las especialidades ‘básicas’ (medicina de familia, pediatría, anestesia, cirugía general, obstetricia, y medicina interna, radiología…), ha sido posible aumentar la calidad de la asistencia en zonas menos pobladas (hospitales comarcales, centros de salud rurales…), lo que sin duda ha condicionado una mejora de la atención para estos pacientes.
- Por otro lado, por una cuestión de lógica y eficiencia, no siempre ha sido posible replicar la totalidad de la cartera de servicios que tiene un centro de referencia en un tercer nivel. Esto, si bien está justificado desde el punto de vista de las necesidades de los pacientes, ha chirriado con las expectativas que el proceso de especialización ha creado en la sociedad, y ha provocado un aumento de demanda de valoración por especialistas, considerados más un producto de consumo que una necesidad asistencial.
Las soluciones que se han propuesto para el problema no son válidas para todos los ámbitos de la asistencia:
- La cuestión ha sido bastante bien solventada para la patología urgente y crítica: los equipos de emergencias (112, 061) suplen parcialmente la inequidad que supone centralizar los recursos en grandes hospitales de referencia para ganar en eficiencia, permitiendo el traslado desde los centros periféricos en las mejores condiciones de seguridad y calidad posibles.
- Sin embargo, en el resto de las patologías (no urgentes, programada, o segunda opinión médica) aún no se ha encontrado una solución óptima. La derivación de pacientes entre centros sigue siendo una fuente constante de fricción, al estar mal definidas las carteras de servicio de cada nivel asistencial. Tampoco ayuda la mal entendida ‘pertenencia’ del paciente a su hospital de origen. Sin duda, es preciso definir vías clínicas claras, en las que se establezcan con nitidez los criterios de derivación entre centros (a nivel regional y nacional).
3. Formación especializada y satisfacción
La mayoría de los indicadores de salud en nuestro país han mejorado en los últimos veinte años de manera paralela al incremento del número de especialistas en nuestro país. Sin embargo, estos datos deben tomarse con cautela, puesto que la presencia de una relación estadística no implica causalidad.
Mejoría de los indicadores de salud
El Ministerio de Sanidad publicó en 2010 la evolución de los indicadores de salud a lo largo de la década, y la comparación con el ámbito europeo. Cabría destacar:
- Un aumento progresivo y mantenido en la esperanza de vida, la esperanza de vida libre de discapacidad, y la esperanza de vida en buena salud para ambos sexos
- Una disminución de las causas de mortalidad evitables más o menos general, y en especial aquellas causas de muerte atribuibles a la calidad del sistema sanitario (enfermedades cardiovasculares, suicidios, tumores, …)
- Una disminución de la prevalencia de discapacidad ajustada por edad
- Una marcada disminución de la mortalidad infantil
Satisfacción de los usuarios con el sistema
Los resultados en salud del sistema sanitario español, muy condicionados por su gran especialización, son con toda seguridad la causa de que los ciudadanos consideren el sistema sanitario como una de las instituciones públicas más valoradas de manera repetida. Si bien las quejas de los usuarios suelen centrarse en aspectos de hostelería o en la gestión de listas de espera, la valoración de la calidad percibida de la asistencia es homogéneamente alta a lo largo de los años
4. Formación especializada y seguridad del paciente
De manera general se podría pensar que la especialización incide de forma positiva en la seguridad del paciente. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la mayor agresividad de las técnicas empleadas, los tratamientos y los procedimientos diagnósticos suponen para el paciente nuevos riesgos inherentes a dicha complejidad.
Podemos identificar algunos aspectos negativos derivados de la expansión en la especialización clínica: la fragmentación de la asistencia y la mayor exposición a iatrogenia, y de manera muy especial la relacionada con la medicación.
Fragmentación de la asistencia al paciente y pérdida de la continuidad asistencial
La especialización ha sido gestionada clásicamente mediante una estructura organizacional vertical, basada en Servicios Especializados (Cirugía, digestivo, radiología…).
Esto ha llevado a que, a pesar de que la atención que se presta en cada una de ellas es de más calidad científica, la atención en su conjunto está fragmentada en compartimentos estancos. Para la mayoría de las patologías el paciente no fluye por el sistema, sino que va ‘visitando’ especialistas, desconectados entre sí, que funcionan como unidades de producción independientes.
Así, se ha creado el riesgo de que el paciente sea atendido por muchos, pero llevado por nadie: que nadie se haga responsable del mismo, con lo que cada uno aplica su ‘saber’, emite su juicio, y abandona al paciente con un informe en la mano.
Esta mala forma de atención parece estar cambiando gracias al trabajo por procesos asistenciales y las vías clínicas. Ha sido especialmente importante la expansión de la Medicina de Familia. El Proceso de Atención al Parto es un buen ejemplo de coordinación entre profesionales en los que el centro de la atención es la propia gestante y su hijo, y en el que la especialización se combina con una adecuada comunicación entre niveles asistenciales.
La iatrogenia medicamentosa como consecuencia de la fragmentación asistencial
El segundo aspecto negativo es el riesgo de intoxicación medicamentosa y de interacciones nocivas por polifarmacia.
Cada vez son más los puntos en los que el paciente recibe atención médica (atención primaria, consulta de atención especializada, servicios de urgencias, hospitalización, hospital de día médico…), y el riesgo de prescribir fármacos que interactúen entre sí, induzcan a error al paciente, o dupliquen su tratamiento de base se ha incrementado.
Es frecuente que el paciente tome la medicación ‘de su médico’ junto con ‘la del especialista’, y ocasionalmente añada ‘la de urgencias’. Los efectos adversos por errores en la medicación (dosificación, confusión de comprimidos, interacciones medicamentosas evitables, confusión de genéricos…) son muy frecuentes en nuestro país, si bien parecen estar disminuyendo en los últimos años según el documento estadístico del SNS citado previamente.
Es importante recuperar la visión de conjunto, y facilitar que los registros digitales del paciente (sistemas de historia clínica) sean únicos, para evitar duplicidades y errores.
5. Formación especializada y sostenibilidad del sistema
Todos los aspectos positivos de la formación especializada tienen, necesariamente, una contrapartida: su coste. La atención especializada consume la mayor parte de los recursos del sistema sanitario, puesto que utiliza técnicas costosas, fármacos más caros, y precisa instalaciones e infraestructuras especializadas. Todo ello, curiosamente, se destina para tratar a un porcentaje relativamente reducido del total de la población asegurada.
Ahora bien, si consideramos la formación especializada no sólo desde el punto de vista sanitario, sino atendiendo a los resultados que produce (menor discapacidad, mayor esperanza de vida en buena salud y libre de enfermedad, menor mortalidad ajustada por edad…), el equilibrio entre inversión y beneficio social se muestra claramente favorable, y justifica la inversión que precisa el sistema.
A la hora de valorar la sostenibilidad es de gran utilidad la visión de conjunto que aporta el Informe sobre la Salud del Mundo de la OMS de 2010, que hemos comentado con anterioridad en el blog, y que está dedicado a la financiación de los sistemas de salud. En él se detallan las estrategias que pueden resultar útiles para mejorar la financiación de los sistemas de salud, con una visión resumida en el lema ‘más salud por el dinero, más dinero para la salud’.
Aplicado a nuestro país, podríamos expresarlo así:
- Por un lado, es preciso mejorar la eficiencia general del sistema. Si bien es cierto que todo el sistema tiene que mejorar su eficiencia, no lo es menos que la mayor parte de los recursos se consumen en Atención Especializada, y que el impacto de las medidas de eficiencia a este nivel es muy superior a la de cualquier otro ámbito.
- Por otro, es importante acabar con la subfinanciación del sistema nacional de Salud
Español, cuya inversión sanitaria global respecto al %PIB es de las más bajas de la
unión europea. De lo contrario, la sostenibilidad del grado de especialización actual está en tela de juicio.
A modo de conclusión
Podríamos concluir de lo expuesto, que el sistema de formación sanitaria especializada en nuestro país ha tenido un impacto netamente positivo en el sistema:
- Aspectos positivos:
- mejora general de la calidad científica de la asistencia y de los resultados de salud,
- mejora de la satisfacción de los usuarios, y
- mejor distribución de recursos de acuerdo a las necesidades
- Retos que plantea al sistema:
- divorcio entre necesidades y expectativas para los pacientes ante el ‘producto’ especializado
- aparición de nuevos riesgos de seguridad para el paciente que deben ser considerados, y
- mayor presión para la sostenibilidad del sistema
¿Justifica esto el cambio de la formación sanitaria especializada española por otros sistemas? Pues… depende de qué pregunta nos estemos planteando. Si lo que queremos es mejorar la atención al ciudadano, maximizar su salud, y obtener el mayor retorno social posible de la inversión, le veo poca lógica, toda vez que pocos han demostrado estos resultados con el costo de nuestro modelo. Ahora bien, si lo que planteamos es la simplona visión contable de que lo más barato es lo que no se gasta, quizá estemos hablando de algo diferente, y que nada tiene que ver con la sanidad.