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accesibilidad, Calidad asistencial, calidad científica, Comunidad Valenciana, efectividad, eficiencia, Gestora casos, Indicadores proceso, indicadores resultado, reduce, seguridad, sistema sanitario, urgencias
Las noticias relacionadas con la eficiencia del sistema sanitario en muchas ocasiones se redactan con un lenguaje barroco, técnico y oscuro. Parece asumirse que sólo un ‘experto’ puede entender los entresijos de presupuestos y políticas sanitarias, financiaciones y coberturas, aseguramiento y optimización de recursos. Y la realidad no es esa.
Es cierto que los Sistemas de Salud son complejos, pero no lo es menos que son sorprendentemente simples en sus fundamentos. Es relativamente sencillo entender cualquier noticia relacionada con el Sistema Sanitario, especialmente si se refiere al Sistema Sanitario Público, partiendo de unas pocas premisas:
- Los sistemas sanitarios sirven para producir salud, ni más ni menos. Todo aquello que aporte salud a los individuos es bueno (Promover, prevenir, asistir y rehabilitar), y lo que no lo haga, es superfluo y prescindible.
- El presupuesto asignado a un sistema sanitario debe destinarse exclusivamente a producir salud. El dinero es finito, y las necesidades de salud, infinitas. Por ello es fundamental que cada céntimo disponible se destine a aquello para la que fue presupuestado: mejorar la salud de los ciudadanos.
- Cualquier cambio del sistema debe ser para mejorar la salud del enfermo, o, al menos, no empeorarla. Ya sea aumentar la partida presupuestaria, invertir, desinvertir, modificar, crear un hospital o cerrarlo, debe tener un riguroso análisis de repercusión en salud.
- Una asistencia de calidad es Segura, Científica, Satisfactoria y Accesible-eficiente. No hay calidad parcial; no podemos atender exclusivamente a una faceta, en detrimento de las demás. Podemos intentar mejorar un aspecto, pero vigilando siempre que no perjudique al resto de las dimensiones de la calidad.
Analizando estos cuatro aspectos desnudaremos los titulares de tintes ideológicos y argumentarios políticos de dudoso valor. Armados con ellos estamos en disposición de enfrentarnos a cualquier enunciado, por arcano que parezca.
Veamos un ejemplo. Se ha publicado recientemente una noticia en un medio para Directivos de Salud titulada: ‘La ‘gestora de casos’ reduce el 77% las urgencias en la Comunidad Valenciana‘.
Más allá del sensacionalismo del titular, podemos comprobar que se trata de una experiencia novedosa en la gestión del flujo de pacientes con patologías crónicas entre el hospital y atención primaria, en el ámbito de un sistema de Salud pública de Gestión privada en la Comunidad Valenciana. El sistema está basado en la gestión del flujo de los pacientes por dos enfermeras ‘gestoras de casos’, que parece haber reducido la frecuentación de estos enfermos a los servicios de Urgencias. En el artículo se describe además el sistema de retribución diferencial de los profesionales en base al cumplimiento de objetivos, para, seguidamente, concluir que la obtención de beneficio económico por el equipo gestor (privado) de los centros los alinea en la dirección de los objetivos del sistema sanitario (público) que los contrata.
Podemos aceptar sin más las argumentaciones, y dar por buenas las conclusiones: titular, lectura diagonal, último párrafo, y a otra cosa, mariposa. Pero somos algo más que lectores hipertextuales, y la argumentación lógica del artículo es tan pobre que merece un pequeño esfuerzo: PENSEMOS (y utilicemos las premisas universales). Obviaremos la conclusión gratuita, que nada tiene que ver con el resto del artículo, y nos centraremos en el resto del artículo. Intentemos contestar la pregunta más sencilla: ¿es buena para los pacientes esta innovación?
PREMISA 1.- LOS SISTEMAS SIRVEN PARA PRODUCIR SALUD:
- ¿Puede usted señalar un solo dato en el artículo citado en el que se le indique que la salud de los enfermos atendidos ha sido mejor tras el cambio propuesto?
- ¿Puede usted señalar un solo dato que indique que se ha tenido en cuenta la seguridad de los pacientes al plantear el cambio de modelo asistencial? ¿Se ha dejado de enviar a urgencias algún paciente que no debió ser tratado en Atención primaria? ¿Ha habido alguna complicación relacionada con la falta de asistencia? ¿Es seguro el protocolo aplicado?
- ¿Qué repercursión ha tenido el cambio de modelo en la tensión de los hipertensos, la obesidad de los obesos, la hiperlipemia de los hipercolesterolémicos, o la glucemia de los diabéticos?
PREMISA 2.- EL PRESUPUESTO ASIGNADO DEBE DESTINARSE EXCLUSIVAMENTE A PRODUCIR SALUD:
- ¿Ha conseguido encontrar un indicador que hable de una mejora en la salud de los enfermos? Si no es así, ¿qué se está premiando?
- ¿Por qué se gratifica a los trabajadores por gestionar el flujo de pacientes en un proceso, en lugar de por los resultados del mismo?
- Y una pregunta más… Si a los pacientes les da lo mismo que se utilice el sistema antiguo o el nuevo ¿a quién sí le importa?
PREMISA 3.- CUALQUIER CAMBIO INTRODUCIDO EN EL SISTEMA DEBE MEJORAR, O NO EMPEORAR, LA SALUD DEL ENFERMO
- ¿Puede usted asegurar que la salud de los enfermos asistidos con el nuevo sistema es igual, mejor o peor que antes? ¿Se ha medido?
- ¿Puede, en consecuencia, decirse que el sistema mejora la asistencia? ¿O hablamos sencillamente de que sale más barato, y dejamos las cuestiones sanitarias aparte?
PREMISA 4.- LA ASISTENCIA DE CALIDAD ES SEGURA, CIENTÍFICA, SATISFACTORIA Y ACCESIBLE-EFICIENTE
- ¿Mejora el cambio la calidad de la asistencia en su totalidad?
- Si no es así, y afecta sólo a una dimensión, ¿se ha medido que no perjudique al resto de las dimensiones de la calidad?
El artículo es escueto en exceso, que no sintético, y deja muchos cabos sueltos. Podemos esquematizarlo como sigue:
- PROBLEMA REAL: la hiperfrecuentación de los Servicios de Urgencias en el sistema sanitario
- PROPUESTA (muy) RAZONABLE: un equipo de enfermeras gestiona los flujos de los pacientes crónicos, en base a criterios clínicos perfectamente definidos, y con apoyo del resto de la estructura.
- LOGRO: Racionalización del flujo de pacientes
- RIESGO (y a mi juicio, el gran error de la propuesta): subordinar la seguridad a la eficiencia, el objetivo en salud a la satisfacción, y vincular la retribución adicional de los profesionales a objetivos de proceso, y no de salud (número de pacientes que acuden a urgencias, en lugar de hacerlo a hemoglobina glicosilada media en los pacientes diabéticos, por ejemplo).
Es evidente que determinados problemas estructurales, como la hiperfrecuentación en Urgencias, deben medirse con medidas de proceso (p.e. número de visitas a urgencias). Pero no por ello debemos caer en olvidar el resto de los pilares de la calidad asistencia (seguridad, calidad científica, satisfacción, accesibilidad). En este caso, hemos dejado de lado tres de los cuatro pilares de la calidad de la asistencia:
- La seguridad del paciente: no veremos un solo indicador que vigile que esas visitas no realizadas fuesen necesarias, ni se han implantado indicadores centinela o de complicaciones esperables.
- No se mide la satisfacción del paciente antes y después del cambio. ¿Están los pacientes contentos con el nuevo sistema? ¿Les gusta?
- No se mide la calidad de la asistencia suministrada. ¿Están más sanos nuestros pacientes gracias al cambio introducido? ¿Han empeorado? ¿Hemos ahorrado a costa de empeorar la salud?
Lo único que nos ofrecen es un indicador de proceso: hemos movido menos pacientes por el camino de la asistencia urgente. El problema es que no somos guardias de tráfico. Las instituciones sanitarias están para crear valor en el paciente: mejorar su salud, restituir la salud dañada, impedir la enfermedad, rehabilitarlo tras el daño hasta donde sea posible. Nada de eso se mide aquí.
Los indicadores de proceso son seductores, fáciles de entender, efectistas, contundentes. Pero no son el objetivo de un sistema público de salud. Se atiende a los diabéticos para mejorar su diabetes, no para justificar los flujos de trabajo en la consulta de endocrinología. Una cosa es que se intente optimizar cómo se gasta ese dinero, y otra muy distinta que olvidemos cuál es el auténtico objetivo del sistema sanitario: el paciente.


