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Carlos Miguélez Monroy, Cáritas, Código deontológico, Código Penal, CIEs, criminalización hospitalidad, Cruz roja, deber socorro, Gallardón, Gandhi, inmigrantes irregulares, RD 16/2012
Hace unas semanas leí este gran artículo de Carlos Miguélez Monroy sobre la intención de criminalizar la hospitalidad que se desprende del borrador de la reforma del Código Penal que avanzó D. Alberto Ruiz Gallardón, actual Ministro de Justicia. Y desde entonces, la avalancha de reacciones ha sido constante, como la que recoge este artículo de Periodismo Humano.
La autora de este último artículo, Rocío Muñoz, nos lo explica: ’Hasta dos años de cárcel podría sufrir una persona que ayude a una persona inmigrante en situación administrativa irregular. Así se recoge en el anteproyecto de modificación del Código Penal en el que trabaja el Gobierno central. Las penas podrían ir dirigidas a ciudadanos particulares y a organizaciones e instituciones que den servicios de asistencias a este colectivo.’
Aquí entramos muchos. Entrarán los miembros de Cáritas y Cruz Roja que atiendan a inmigrantes sin papeles. Entrarán los que acogen a los subsaharianos en las costas del sur de España y de Canarias cuando naufraga una patera. Entrarán los que atienden a los ciudadanos irregulares hacinados en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs). Y entraremos los sanitarios que hemos hecho objeción de conciencia a la aplicación del RD 16/2012, entendiendo que vulnera nuestro código deontológico y nuestro deber de socorro.
Si esto se aprueba, seré un criminal, con antecedentes como dios manda. Y si reincido, ingresaré en prisión. ¿Mi delito? Atender enfermos. ¿Mi falta? Ser médico. ¿Mi culpa? Poner los derechos humanos y mi código deontológico por encima de una ley injusta e inhumana indigna de un país civilizado.
Lo único bueno que tiene esto es que no estaré solo. Me acompañarán viejitas encantadoras de Cáritas, los buenos curas que acogen inmigrantes, las buenas personas que no dejan morir ahogado a un negrito delante de su tumbona. Con un poco de suerte, seguirán haciendo leyes injustas y no cabremos, y tendrán que ampliar las cárceles tanto, que los recintos serán más y más amplios. Las zonas de seguridad necesitarán cada vez más y más espacio, y se crearán pequeños pueblos penitenciarios, llenos de buenas personas criminales. Y luego pequeñas provincias penitenciarias, y después autonomías penitenciarias. Y así, poco a poco, a fuerza de encerrarnos a todos, lo mismo conseguimos que cada vez sea más pequeño el espacio que ocupa esta clase dirigente indigna, y los encerramos en un castillo de ‘gente respetuosa con la ley’, mientras campamos por una Iberia penitenciaria donde podamos reconstruir este país desde nuestra criminal humanidad.
Como ya dijo Gandhi, ”En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle.”
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’Las medicinas, cuando se usan bien, restauran la salud del enfermo: serán bien usadas cuando el médico, guiado del conocimiento de su naturaleza, entienda qué es un hombre, qué es la vida, y qué es la salud. 







