Etiquetas
Agrimensor Frikosal, Centro de Colaboraciones Solidarias, clientelismo, corrupción, dependientes, desahucios, enfermos, ERE, huelga japonesa, ineptitud, infoLibre, inmigrantes, inteligencia, Javier Zurita, José Luis Sampedro, jubilados, L’Escola Tècnica Superior d’Enginyeries Industrial i Aeronàutica de Terrassa (ETSEIAT), Manel Soria, Manu Brabo, Muhammad Yunnus, nepotismo, Ofelia de Pablo, paro, Periodismo Humano, política, robo, Samuel Aranda, Sistema Nacional de Trasplantes, sistema sanitario, Universitat Politècnica de Catalunya · BarcelonaTech (UPC)
Llevo todo el día pensando en L’Escola Tècnica Superior d’Enginyeries Industrial i Aeronàutica de Terrassa (ETSEIAT), en sus profesores, en sus alumnos, en esa densidad de inteligencia y de creatividad, de dinamismo científico, de potencial para el país… amenazados por la torpeza gestora de un gobierno incompetente y corto de miras. Pienso en el Agrimensor Frikosal, Manel Soria, profesor universitario, el hombre que fotografía las estrellas desde nuestra tierra y enseña a los que diseñarán los satélites que nos cuidan desde el cielo. Pienso en que la Universitat Politècnica de Catalunya · Barcelona Tech (UPC) va a hacer un ERE en esta mina de diamantes en bruto… y pienso que algo muy serio no funciona en este país.
Pienso en nuestros logros como sociedad, en nuestro sistema sanitario envidia de nuestros vecinos del G8, nuestro sistema de trasplantes de órganos único en el mundo, nuestros científicos y profesores investigando por el amor al arte (literalmente), nuestra creatividad desbordante (literaria, pictórica, culinaria, fotográfica,…). Pienso en cómo nuestros logros caen uno tras otro, andanada tras andanada de los ‘amigos’ gobernantes, y pienso que no nos merecemos la estulticia generalizada de los que nos dirigen. No, ni su ineptitud, ni el nepotismo, ni el clientelismo, ni la corrupción. No nos merecemos a la ocurrente hija del enésimo hijo del enésimo Gobernador de Castellón mandando a los seis millones de parados a disfrutar del sexo onanista, ni a un simpático drogadicto metiéndose por la narina izquierda el dinero de los parados, ni a presidentes-hijosdepresidentes-reyes-príncipes y demás ralea con querencia por el franco suizo. No nos merecemos que nos engañen, no nos merecemos que nos dirijan, no nos merecemos que nos roben.
Pienso en las personas desahuciadas, en parados, en abuelos, en dependientes, en enfermos, inmigrantes y demás víctimas del holocausto financiero, y no alcanzo a entender la voracidad de los que todavía pugnan por quitarles hasta el alma, las esperanzas, la dignidad. No puedo entender al que se ceba en el débil que ya está en el suelo; las hienas (instintivamente) hacen eso… y ellos (¡racionalmente!) también. No merecen que se les considere seres humanos, pero lo son. Somos, en parte, ellos; son nuestra vergüenza.
Pero también pienso que hoy, a diferencia del resto de nuestra existencia como humanos, los tengo presentes porque he podido conocerlos como nunca. Somos más humanidad que nunca, más sociedad que nunca, más especie que nunca. Los discursos no se pierden en foros lejanos, ni los genocidios transatlánticos quedan impunes, gracias a fotoperiodistas 3.0 como Ofelia de Pablo, Javier Zurita, Samuel Aranda o Manu Brabo. Resurge el periodismo independiente de las cenizas del periodismo enlatado, con publicaciones con infoLibre, Periodismo Humano o el Centro de Colaboraciones Solidarias. La ignorancia ya no es una opción, cada vez es más cierto el concepto africano Ubuntu: ‘yo soy porque nosotros somos’.
Pienso en las Empresas Sociales, surgidas en el seno del capitalismo, que juegan con sus reglas, pero que destinan sus beneficios a la sociedad en la que nacen y dinamitan sus cimientos injustos. Pienso en el premio Nobel de la paz Muhammad Yunus, creador de los microcréditos, o en José Luis Sampedro, y su ‘Hay dos clases de economistas; los que quieren hacer más ricos a los ricos y los que queremos hacer menos pobres a los pobres‘. Pienso en los que se quitan tiempo a sí mismos para dárselo a los demás de las más inverosímiles y productivas maneras… y pienso que existe esperanza.
Mis amigos de L’Escola Tècnica Superior d’Enginyeries Industrial i Aeronàutica de Terrassa (ETSEIAT) no son los que más perderían si sigue adelante esa brutalidad, ese genocidio intelectual: son personas extraordinariamente inteligentes y preparadas que encontrarán mil y una formas de salir adelante, mucho más productivas que la <sigh> depauperada docencia e investigación de nuestro país. Tampoco temo por sus alumnos, seleccionados como los mejores entre los mejores expedientes de cada promoción, y a los que se rifan fuera de nuestras fronteras. Temo por nosotros. Por este macrocasino chiringuitero de iletrados que están fabricando, destinado a vivir de prestado por los restos, amputada su élite intelectual, esclavizada su fuerza productiva, amordazada la crítica cultural.
Temo, pero esta noche no, porque mientras escribo estas líneas esos profesores universitarios están haciendo una huelga a la japonesa, y dan fuera de horario clases a todo el que las quiera oír. Elevarán su voz docente exorcizando la ignorancia y la estupidez humana, como llevan haciendo los sabios desde que el hombre es hombre. Manel hablará de ecuaciones diferenciales, y nos regalará una charla sobre cómo fotografiar estrellas. No podré oírlo, pero se lo agradezco, de corazón. Por mis hijos, por mí, por nosotros.
Gracias.







